Tantas caricias robadas, tanto amor desprendido…
[…]
Estaba sentada delante de ella, con los ojos cerrados, rodeadas de velas e incienso con apenas luz artificial. Alrededor había un circulo de personas desconocidas que miraban, impacientes.
Me besó en la cabeza, me dijo que abriera los ojos y me levantara lentamente. Cuando ya estaba de pie, la miré a los ojos fijamente y noté un estremecimiento muy poderoso en mi pecho, casi asfixiante.
Me fui otra vez a mi silla y la seguí mirando. Sin saber porqué noté como resbalavan lágrimas de mis ojos, quizás porque ella, que a penas la conocía, me había dado por un instante todo el amor que nunca jamás había recibido, como el amor de una madre que nunca me dio; me hizo sentir la persona más especial del planeta y en ese momento sentí tanto su energía que aún me hizo llorar más, porque esa mujer era tan especial para mí…se había transformado en todas aquellas sensaciones que nunca había experimentado, todo de golpe, como un regalo. Realmente en ese momento pude entender qué es el amor.
Ahora tenía miedo. Yo ya no era la persona que era antes. Había cambiado y no sabía cómo tenía que continuar.
Mi vida había sido tan poco llena de todo…incompleta, vacía.
Tenía ganas de empezar a ocupar los huecos que me formaban, pero necesitaba tiempo.
Quizás éste era el momento oportuno para empezar aquello que no había emprendido, a crearme otra vez, reaprender de nuevo pero con magia y dejarme de tonterías que frenaban mi evolución. Ahora estaba dispuesta a todo, dispuesta a lanzarme y nadar mar adentro.
Lo tengo todo; todo está a mi favor, todo lo que debo hacer es dejarme llevar.