
Los hombres pequeños se esconden en las grandes ramas de los árboles, tapando la desnudez de sus pensamientos con las hojas que caen desde arriba.
Encima de esas hojas vienen volando grandes mujeres acariciando el viento y disfrutando del viaje astral del cual vienen sonrientes y gratificantes.
Las hojas planean en el aire como cometas en el cielo y aterrizan al lado de las ramas, donde los hombres contemplan desde abajo todo el rato, ansiosos, deseando coger las hojas en las que han llegado esas mujeres que ven como si fuesen algo fuera de lo común; mujeres libres e independientes.
Ellas vienen desde arriba de la copa del grande árbol, han contemplado lo inimaginable y lo llevan congio mismas. Han sufrido también, pues desde lo alto el viento sopla más fuerte y hace más frío, pero también gozan más del sol el día en el que brilla desde otra galaxia y se reúne secretamente con otros planetas, formando eclipses para las damas de la sabiduría. Sufrir es aprender y gozar de lo bueno.
Misteriosamente, cuando llegan allí abajo también se encuentran con otras mujeres tan pequeñas como esos hombres que esperan a las hojas, y se preguntan qué harán allí pudiendo disfrutar de lo que han experimentado ellas.
A lo lejos aparece un gran río que baja desde otra parte del cielo donde vienen ellas. Nadan contra la corriente gigantes barcos de papel que se deshacen al llegar al suelo y en ellos tripulan hombres del mismo tamaño que las mujeres de las hojas. Qué curioso, no habrían imaginado nunca que existiera otra constelación donde habrían viajado otros seres humanos.
Los hombres del río se acercan a las mujeres de las hojas intentando descubrir de dónde vienen y qué hacen allí.
Sí, hay otros mundos que no sabemos su existencia ni apenas podemos imaginar que existen hasta que topamos con seres que vienen de allí.
Intercambiamos experiencias, sabidurías y conocimientos.
Los hombres y las mujeres pequeñas tienen miedo, porque ellos, al contrario de los que se exponen al peligro, prefieren permanecer cerrados en un mismo sitio porque ya lo tienen todo controlado y saben que no les va a faltar de nada, pero a cambio tienen que renunciar al conocimiento, a la sabiduría y a la experiencia.
¿Permanecer o volar, en su defecto, nadar?
es mejor volar y volar lejos, no tener límites, pero hay quién tiene miedo.
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