
El enemigo llama a mi puerta, quiere que parte de mi ser se destruya por su egoísmo, porque no quiere compartir las cosas buenas conmigo. Quiere ser infame a mi voluntad, pues en toda su existencia siempre ha sembrado el mal y la cosecha servida está en mi plato lleno, tan lleno que no me lo puedo acabar y la comida se pudre y se engendra en un mal estar crónico de barriga.
Su carácter envejecido, defectuoso, le pasará factura por su mala voluntad. El destino ya se encargará de que todo le sea una calamidad. Quien planta mal recoge sufrimiento.
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